sábado, 1 de octubre de 2016

EL GATO DEL HUGONOTE




El gato lo maltrataba. A él le encantaba. Vivía para su mierda.
El gato le arañaba el pantalón. El gato le rasgaba los calcetines. El gato dejaba excrementos sobre sus camisas. A él le encantaba. Cágate más encima de mí. Vivo para tu mierda.
El aire acondicionado se paró. Pete dio una palmada al aparato. El gato le clavó las uñas en la camisa.


(SEIS DE LOS GRANDES -segundo volumen de la Trilogía Americana de James Ellroy-)




lunes, 19 de septiembre de 2016

EL JODIDO RESPETO...


"Me hirvió la sangre ante la indiferencia."
MAX AUB (lo que él vivió en España aquellos días del 69 yo lo vivo -excepciones aparte- a cada nueva conexión en Facebook desde el 2010 en que entré -perdón, me entraron...-)




Alguien me preguntó, un poco escocido por mis frecuentes exabruptos contra mi lista de Facebook, si ésta no tenía derecho a un poco de respeto. Le respondí (ateniéndome a las razones primeras y últimas de mi presencia en FB) que el respeto a los miembros de mi lista va en relación directa con el respeto que ellos hayan demostrado (bien por adquisición, contribución a su difusión, incluso en ocasiones a su reedición) por mi obra escrita. 


 http://zurdpapier.blogspot.com.es/


jueves, 1 de septiembre de 2016

LEYENDO A MAX AUB





"-El recrudecimiento de videntes, echadoras de cartas, se debe a la inestabilidad de las instituciones —dice Rivadavia—. Pesimismo, jóvenes. Inseguridad y creencia en la fortuna; parto del mundo, paso de una época a otra. Videntes a la vista: ¿niño o niña? Por ahora sale ambiguo. Cuando haya orden las lineas de la mano dejarán de florecer. Pero en cuanto arde Troya todos quieren ganar a la lotería de la fortuna. Ahora mismo, en Barcelona, las echadoras de cartas ganan el dinero que quieren. Y no digamos en París."

(CAMPO DE SANGRE -tercer tomo de la saga EL LABERINTO MAGICO-)



 

lunes, 1 de agosto de 2016

HOUSE OF DREAMS


En este tag, ZURDODROME, iré recogiendo colaboraciones aparecidas originalmente en el hoy difunto oniroblog DILDODROME (creación del sr Landeira)

 
Será por los dolores en la cadera que llevo sufriendo desde comienzos de año  [2008], y por las medicinas y la rehabilitación que he seguido a cuenta de ello, pero mi identificación con Gregory House (hasta ahora meramente intelectual) ha empezado a adquirir también dimensiones físicas.


Esto viene a cuento del sueño que tuve a mediados de marzo. ¿Escenario?: El Viso (o zona ad hoc -concretamente, una clínica privada muy parecida a aquella en la que estuvo internada mi madre allá por el 66-). La sensación (un algo ambiguo e indolente que nos calaba hasta los huesos del alma) de formar parte de una novela de Drieu La Rochelle (sólo hacía una semana que había acabado mi relectura de GILLES). ¿La acción?: en un sótano, como visto en blanco y negro y como rodado por Fassbinder dentro de su cine de la crueldad, el ataque de Valerie Solanas a Gregory House (haciéndome pensar, en la ulterior rumia de duermevela, que el episodio del balaseo de House por el viudo de una paciente -el episodio más antipático a mi gusto, porque, en él, el establishmet reprocha a nuestro hombre las aristas de su identidad y trata de afeitarlo de cuerna y llevarlo por las sendas del pensiero debole y la corrección política: el trip alucinatorio de House me recordó mucho a mi segundo trabajo de ayahuasca, con la diferencia de que yo salí de ello reforzado en mi condición anómala, victorioso de los retrovirus policíacos del pensamiento, sin la menor duda sobre el acierto de mi decisión- estaba en parte inspirado en el atentado a Warhol que supuso la castración moral de éste y su degeneración en mera máquina de hacer dinero abandonando todo perfil subversivo). La alusión ambiental a Fassbinder habrá de relacionarse con mi reciente inmersión en su filmografía y con su aura de sujeto inasequible a toda corrección y reinserción en el rebaño (como, a mis ojos, ha de ser House para que me siga interesando como personaje).

En el sueño, yo era House, sentía dolores en la cadera y en el muslo y (en vez de tiroteado) era apuñalado en el costado y me quedaba por un momento posando ante la nada como un cruce entre un Cristo espetonado en la cruz y la famosa foto de AW enseñando sus escaras (aquí también ha podido influir el shock que me produjo ver la citada foto ilustrando la glosa que un blogger hacía de mi canción UNA CICATRIZ -la cual jamás me habría sido inspirada por una foto semejante, que más bien me ha dado siempre un indecible asco, grima y yuyu-). Después salía del sótano, paseaba en bata de paciente bajo una noche heladora por el jardincito de la clínica en tanto la persona que me había agredido hablaba en mi cabeza en plan Pepito Grillo justo como lo hacía el shaman brasileño de la coleta en mi prueba ayahuasquera. Finalmente, muerto de frío, golpeaba una puerta mientras gritaba "HOUSE NO ES WARHOL, HASTA AHI PODIAMOS LLEGAR, Y ME CAGO EN EL DALAI LAMA Y EN LA INDEPENDENCIA KOSOVAR" y me despertaba.

El exabrupto final en pareado se explica por sí mismo para cualquiera que me haya leído y conozca mis simpatías geopolíticas prochinas y proserbias y mi interés por las filosofías extremoorientales desde la defensa soberanista de identidades primigenias (la admiración de Kurtz hacia sus enemigos que estalla como revelación adamantina en medio de su frente), nunca como quinta columna prooccidental y apología del buen rollito.





lunes, 18 de julio de 2016

HANNIBAL (la serie)


Aun encontrándola blasfema y repelente en su mendacidad y tergiversación de la esencia lecteriana (esencia que se cristaliza y patentiza cuando Thomas Harris transfigura a su intrigante y pedantesco psicoanalista de EL DRAGON ROJO y EL SILENCIO DE LOS CORDEROS en figura sobrehumana al encontrárselo encarnado en la señorial presencia de Anthony Hopkins en la película de Jonathan Demme -como quedará claro en la obra magna de la saga, la novela HANNIBAL, y se remachará en la última narración, la precuela en que se insiste en la figura de Lecter como personaje trágico y ambivalente por su condición de "mutante diabólico", luminoso y oscuro a la vez-), la serie HANNIBAL es interesante como chequeo psíquico del presente establishment occidental: esos rasgos putinianos de Lecter (tan primarios en su ostentoreidad propagandística de vuelta a la guerra fría), la mostrenca arbitrariedad de los crímenes (en contraposición al peculiar pero férreo código del personaje original), la moebiana conexión de "Inteligencia" y terrorismo (tan mossadiana: se nos vienen a la mente las páginas más desasosegadoras de LA CHICA DEL TAMBOR de Le Carré o, en clave menor, esa obra primeriza de Harris, DOMINGO NEGRO, cuyo espíritu contrainsurgente está más presente en la serie HANNIBAL que todas las novelas dedicadas al buen doctor) sólo ¿rescatada? del nihilismo de una Highsmith o del distanciamiento jüngeriano por la mezcla constantiniana de cinismo y fariseísmo que constituye el alicorto vuelo de las justificaciones postmodernas de nuestro tiempo (la omertá/consenso políticamente correcta de asumir el tongo establecido en aras de mantener un bienestar material, incluyendo el de "la buena conciencia" como otra propiedad suntuaria más: la cada vez más escabrosa ligazón entre Will Graham y Lecter en plan papilla/papillot foucaultiana/deleuziana, con las pinceladas mórbidas de otros defensores del sistema como las doctoras Bloom -fagocitando en clave "psiquiátrico/policial" el episodio lésbico de la novela HANNIBAL que se escamotea en la película de Ridley Scott- y Du Maurier -suplantando en clave de transferencia/contraespionaje el amoroso y desestabilizador fatum con que acaba dicho libro-, nos recuerda los amores y desamores de Farrakhan por Obama, muestra extrema del funambulismo del nobel del Pissss basculando freudianamente entre la madre judía y el islamismo aliado de los intereses usacos -aliado hasta cuando los defiende jugando a la némesis de la Gran Manzana y del Dron Hermano-, o la pasión turca y pakistaní -que reduce el Gran Juego de Kypling a su condición exotérica de cuento infantil-, o la muerte de Osama decretada por Obama -retruécano esquizo/fonético que permitió la vuelta de tuerca de la snuff movie del Daesh y la terminal metástasis salafista-, o la recuperación del nazismo ucraniano como aliado contra los eternos infrahombres/supervillanos rusos -sólo aceptables por Occidente en calidad de piel de oso junto a la chimenea, como se vio con la distensión entre el Washington clintoniano y el Moscú dumicida de Yeltsin, mascota torpona de los USA como referente global planetario-). HANNIBAL LA SERIE es un trabajo de pinchadiscos (como lo definió su "creador" Bryan Fuller), donde se alteran y manipulan y tergiversan las pautas originales del autor Thomas Harris y la musa-de-rebote Anthony Hopkins: pero nunca (conste) a capricho sino con una descarada intención antisubversiva y apologética de los titiriteros que nos controlan (la enfermera jefe tiene su corazoncito y el verdadero McMurphy es el objetivo a abatir por las gentes de bien -esa vergonzosa película de Scorsese, SHUTTER ISLAND, tan contemporánea en todos los sentidos de la serie HANNIBAL, sería su complemento ideal, el postre comecocos perfecto, por acabar con una metáfora gastro/gnómica-).






jueves, 16 de junio de 2016

miércoles, 1 de junio de 2016

DREAM IN JUNE (soñando con Douglas Pearce)


En este tag, ZURDODROME, iré recogiendo colaboraciones aparecidas originalmente en el hoy difunto oniroblog DILDODROME (creación del sr Landeira)



escena 1

Me encuentro en una habitación soleada que me resulta conocida aunque no puedo precisar de qué. Es un lugar de ensayo (hay instrumentos –guitarras, teclados, extraños utensilios de viento-, amplificadores, micros...). A mi lado está Douglas Pearce junto a un micro, con una guitarra acústica, cantando una canción de Benito Moreno (concretamente, las sevillanas “LA LLAME MUJER”). Viste sólo un pantalón de cuero muy bajo de cintura, a lo Britney Spears, y tiene un torso muy peludo, asomando también una mata de vello púbico por el pantalón. Unos piercings con forma de calavera con tibias (el símbolo de DEATH IN JUNE) atraviesan sus pezones y están unidos por una cadena de reloj plateada que choca rítmicamente contra su esternón al moverse. Al contemplarlo, lo asocio con David Byrne (un David Byrne más corpulento y bestial) por la misma regla de tres que asociaría a un rottweiler con un dobermann.
Yo debo de tener entre doce y trece años, aunque soy muy alto para mi edad. Visto un pijama de verano de mangas y perneras cortas, estampado con la imagen repetida de Stewie Griffin sentado en el regazo del gato de Cheshire (es como una parodia del cartel de propaganda de la película “AMARCORD” –el adolescente sentado en el regazo de la estanquera-: Stewie, con melena platino a lo Patty Pravo, y vestido de cowgirl como una de las playmates que actuaban ante los soldados en “APOCALYPSE NOW”, se arrellana sobre una descomunal gata de Cheshire con gafas, que es como un singular cruce entre el gato creado por Disney y su hermana Meg –o mejor, como una Meg Griffin transformada por algún doctor Moreau en el gato de Cheshire versión Disney-). Yo estoy en cuclillas pintándole las uñas de los pies al amigo Doug: se las pinto con los colores alquímicos del antiguo Reich (una roja, otra blanca, otra negra).
Cuando acaba las sevillanas me tiende un micro inalámbrico negro, con la forma exacta de un dildo (con nervaduras y todo, y un fuerte olor almizclado), y yo, ya de pie, me dispongo a acompañarle a los coros. Se arranca con una canción de Alberto Bourbon, “ANTES DE TI NO HUBO ANTES”, y cuando yo canto lo hago con una agradable voz sin desarrollar que recuerda bastante a la de Francoise Hardy (una FH medio somnolienta y resacosa). Al estar muy cerca del rostro de Doug, siento el perfume de su loción de afeitar (pienso para mí: “huele igual que el “HELIOPOLIS” de Jünger si dicho libro fuese loción de afeitar”). 
Una voz, tras la puerta, nos grita “chicos, la comida”. Salimos al pasillo y entonces descubro que estoy en mi antigua casa de Viriato y que el cuarto de ensayo es el saloncito donde nos reuníamos a ver la televisión.


escena 2

Estoy en una especie como de cruce entre una sala de profesores y una sala de interrogatorios de una comisaría. Los policías deben de ser británicos porque visten igual que en aquella serie en la que intervenía Rowan Atchinson. Por lo visto, Douglas Pearce ha desaparecido y hay sospechas de que haya podido ser asesinado. Un policía va interrogando a una serie de gente que no logro recordar al despertar y, finalmente, se sienta a mi lado con expresión suspicaz y me tiende un álbum de fotos. Todas son imágenes familiares donde aparecemos Douglas, su compañera, yo, animales domésticos... Me fijo en una foto donde se detecta la silueta de Pearce enfocándonos a su compañera y a mí. Estamos en cuclillas sobre el césped, junto a un rottweiler con la lengua fuera. La compañera (la voz que nos llamó para comer) es idéntica a Kirstie Alley en su época dorada (cuando hizo de conejita de Playboy o en aquella otra con Tom Selleck) y yo (sin más atuendo que un sucinto tanga estampado con la gata de Cheshire durmiendo sobre mi pubis) tengo un físico bastante particular: soy delgado pero muy ancho de hombros, como el Tadzio de “MUERTE EN VENECIA” o un Anthony Perkins preadolescente), y mi rostro es una mezcla entre la citada Kirstie Alley y el batería de EJECUTIVOS, Juan Luis Vizcaya (de hecho, mi rostro es una versión rubia del de Juan Luis, con la mirada más felina; y el pelo lo llevo por delante cortado igual, con raya en medio y crenchas que caen sobre mi cara, aunque bastante más largo por detrás –tendría algo también de la melena que lleva el andrógino nerdie de la serie “MENTES CRIMINALES”-). Al ver la foto siento un deja-vu emocional que asocio con determinado fragmento de mi cuento “FRENTE DE HIERRO” (publicado en “EL CORAZON DEL BOSQUE”) y recuerdo por qué vivo con Pearce y su compañera (a los ocho años me compraron a mis tíos para usarme como juguete erótico e iniciarme al helénico modo en subversiones rúnicas y luciferinas).
En la foto se nos ve a Kirstie y a mí muy cómplices y acaramelados. Ella lleva un bikini muy sucinto, desbordándose sus amplios y blancos pechos por las diminutas copas color caramelo, y un tanga casi microscópico en forma de mariposa verde con las alas desplegadas que apenas si deja lugar a la imaginación. Hay algo en la expresión de nuestros rostros como si nos estuviésemos pitorreando de quien hace la foto.
Yo entonces río para mis adentros y miro desafiante al policía (pienso “nunca podrán saber si Douglas está muerto o sólo ha desaparecido... Menudo es él”).
Con esa frase me despierto.


estímulos recientes

La megaescucha de DEATH IN JUNE concluida un día antes del sueño, así como una conversación con Dildo en la tertulia de los viernes donde le comenté la relación que encontraba entre los temas más cacofónicos de DIJ y la etapa más oscura de su artista andaluz favorito (justo el material lanzado en 2001).
El que Pearce cantase en vez de sus propias canciones cosas de Benito Moreno y Alberto Bourbón tal vez indique mi decepción ante la escucha (tenía una imagen muy mitificada de su repertorio y al oírlo todo de un tirón se me ha caído bastante –salvo, precisamente, algunos temas neofolk con guitarra acústica y coros femeninos-): la virilidad impostada del sujeto en mi sueño (impostación un poco estereotipada que puede guardar relación también con la lectura recentísima de cierto libro de Burroughs, “WILD BOYS”) queda parcialmente sustituida por la virilidad mucho más recia y real de los cantautores mencionados.
También creo que influye un aparte con Elderly ese mismo viernes en el que saqué a colación la escena de “EL NADADOR” cuando Burt Lancaster conversa con el chavalín en la piscina vacía.
En cuanto a Stewie Griffin, su hermana Meg y la gata de Cheshire, cualquiera que haya seguido mi web y mis blogs habrá visto que son imágenes recurrentes.
También lo de mi compra/secuestro para usos innombrables, puede vincularse a situaciones vistas en series que suelo seguir, como la ya mentada “MENTES CRIMINALES” o “SIN RASTRO”.
Lo único que se me escapa es qué pinta Kirstie Alley y Juan Luis Vizcaya.
Como final, diré que tanto al recordar el sueño nada más despertar como al escribirlo después me siento muy bien, como si se desatase un nudo que me ha estado atormentando durante las últimas semanas.




lunes, 16 de mayo de 2016

VIGENCIAS



"Lo triste no es este final, sino el enmascaramiento de su realidad."



"Quienes hoy son muchos:
los que tienen prisa y los que hacen ruido,
los activistas y los arribistas,
los embaucadores y los intérpretes.
Los que nos familiarizan con la menuda e insustancial excitación de la muchedumbre y con su inconsistente diversión. Quienes trajinan con lo turbio y se pasman con lo necio."



"Todavía no hay una perseverante relación con la diferencia de ser que nos temple, nos sustente y nos estimule, sino sólo el apañado redil de una enorme cantidad de envases, empaquetados, en los cuales todos patalean sintiéndose seguros y a gusto."



(MARTIN HEIDEGGER) 







domingo, 1 de mayo de 2016

ENESIMA PREDICA PARA ESTRUCI@S (es de suponer que tan inútil como las anteriores -si no, no serían estruci@s-)



"Sin disponer de las condiciones indicadas, le iba a resultar difícil, de todas formas, sobreponerse a sus temores. ¡Ay, qué recompensa tan modesta a tantos esfuerzos y peligros!" (YUKIO MISHIMA)

Votar a alguien por imperativo antropológico de supervivencia, en busca de un pivote en que apoyarse para desarrollar un Gran Consenso que implique a la inmensa mayoría tiene sentido.


Votar a alguien para que mate (o encarcele -o arruine-) a otros (y así acabar definitivamente con el velo de Penélope de la alternancia) tiene igualmente sentido.


Votar a alguien con la esperanza de que te lleve con él en su medrobus, también tiene sentido.


Votar a alguien por verlo triunfar en aquello que tú no lograste, aun a sabiendas de que no hará nada por ti (una versión tal vez algo más ridícula del padre que se realiza a través de sus hijos), el voto de tanta gente hoy en día, ¿tiene tanto sentido?


El campesino bávaro que se enorgullecía de los dispendios de su Rey Loco y rechazaba, profundamente coherente con su posición dentro del organigrama del despotismo, las críticas socialistas que afeaban el proceder regio tiene bastante más sentido.




lunes, 18 de abril de 2016

MARCANDO LA DIFERENCIA


"El reaccionario ve en el revolucionario, en la revolución, solo el acontecimiento político.

Por el contrario, el conservador, que sabe comprender el curso de la historia, reconoce detrás de la revolución un hecho espiritual, que se desarrolla con él, y en el cual ella se transforma, o todavía del cual deriva originariamente — entonces, realmente, su concepto de espíritu tiene un carácter un tanto ambiguo.

El pensamiento de un pueblo viene determinado por la suma de las experiencias vividas en la relación con los otros pueblos, y aquellas vividas en relación a sí mismos. El pueblo alemán ha experimentado su carácter nacional a través de la revolución, algo que le faltaba por conocer a sí mismo y al mundo.

El reaccionario dice: es una experiencia innecesaria. El conservador es de distinto parecer y dice: una experiencia política que hay que rechazar, una vez consumada, pero que hay que aceptar desde el punto de vista histórico, y no por sí misma, sino por sus repercusiones.

El conservador vive en la conciencia de la eternidad, por encima de toda temporalidad. Pero al mismo tiempo ve el presente abierto hacia el futuro.

Él sabe que el mundo histórico en el cual vivimos es un mundo ordenado por leyes y sujeto a continuos recursos. Pero no individualiza esta suerte de repetición, regularmente martilleada en las formas, sino en los elementos, de los cuales las formas son expresión. Considera la homogeneidad de las pulsiones humanas expresadas a través de los distintos pueblos con la invariabilidad de sus pasiones y derechos fundamentales, y ve como el todo se rige por el poder, se funda sobre la relación natural entre fuerte y débil, sobre la superioridad del individuo, pero también sobre la problemática del individuo, sobre la sumisión, pero también sobre el poder de las masas, con la consecuencia de un actuar histórico inspirado en la valentía o la renuncia, de la sensatez o la estulticia, de la capacidad de decisión o la laxitud. Pero él sabe también como cada valoración depende finalmente de las circunstancias, que pueden aparecer irracionales mientras son razonables, ocasionalmente mientras son coherentes. Más allá, él sabe que el sentido de todos los acontecimientos se encuentran en su realización, respecto a la cual nada es previsible: no se conoce la duración, la dirección que ellos toman, el valor final que ellos tendrán. Después de la revolución, el alemán conservador, ha pronunciado la frase menos reaccionaria: «Quizás sirva para algo». El conservador da a esta consideración un valor metapolítico. Por lo demás, su creencia en lo incalculable lo protege de considerar el futuro como previsible: revolucionario y reaccionario se sitúan sobre la misma línea.

 El reaccionario es una forma degenerada del conservador. El reaccionario es racionalista. Se atiene a los hechos. Conoce solo los efectos inmediatos. En lo que concierne a la revolución también se atiene únicamente a los hechos. No se preocupa de las causas; por lo demás él mismo es una concausa, no como persona sino como tipo. Él no entiende el pensamiento conservador de forma viva y desde el interior. En un tiempo en el cual no había revolución, ha favorecido en su función la afirmación de un pensamiento conservador. Mediante una cierta desidia espiritual, traducida en la despreocupación política, ha preparado aquellos acontecimientos por los cuales no ha podido impedir el desenlace revolucionario.

Todavía no comprende esta revolución, porque no la ha vivido: solamente la ha rechazado. Dice tener trato y experiencia respecto a ésta revolución. Pero su aprendizaje ha sido puramente mecánico, justo porque no la ha vivido. No ha asumido ninguna posición en su ámbito, porque ha permanecido como un extraño ante ésta. Por el contrario, el conservador conoce los problemas vinculados a ésta, porque tiene sensibilidad hacia los tiempos y acontecimientos. Él posee una concepción global del mundo en la cual inserta aquello que es significativo, o no lo es, respecto a la revolución. Así vive el conservador su participación revolucionaria, por la cual se contrapone al reaccionario: de hecho, él no está a favor de la revolución, sino en contra de ella.

Cada pueblo tiene su revolución a su modo, de un modo exclusivo: un pueblo político lo hace de forma política, un pueblo apolítico de forma apolítica. Con este presupuesto nos ha sido posible ver como ha vivido su revolución el pueblo alemán. Sin embargo, los pueblos se transforman a través de las revoluciones. Nadie continúa siendo como era. La revolución para un pueblo representa solo un momento, una fase, frente a la eternidad del devenir. En su vórtice se se abren recorridos que antes aparecían cerrados. Este efecto es de extrema importancia y viene acompañado de cambios sociales, de una mezcla de los estratos sociales, de los oficios y las clases. Determina un particular desplazamiento de fuerzas y el abandono de viejas costumbres, que los hombres son empujados a reformular en sus concepciones. Ellos llegan a ser portadores de una nueva concepción del espíritu, del cual puede nacer una nueva época histórica.

El reaccionario tiene una concepción superficial de la historia, tan fuerte como en el conservador ha arraigado. El reaccionario concibe el mundo como algo ya completo, el conservador como algo que siempre se transforma. Uno actúa en la temporalidad, el otro se dirige a lo eterno. Aquello que era no será nunca más, sino que aquello que siempre está en el mundo puede reaparecer continuamente.

La política reaccionaria no es política. La política conservadora es una gran política. La historia de pequeñas hazañas tiene como su expresión la política, una política que pasa rápidamente al olvido. Sin embargo, la política adquiere grandeza y no se borra cuando está en condiciones de crear la historia.

Reaccionario es quien confunde política e historia y querría que la historia fuese hacia atrás."



(ARTHUR MOELLER VAN DEN BRUCK)



ilustración: Arnold Böcklin