lunes, 16 de abril de 2018

LA ESCRITURA TESTAMENTARIA


"El mensaje escrito es un mensaje para internarse en la muerte y por eso el muerto es el que escribe en nosotros, el muerto que seremos y que ya sabe escribir. Así resulta que cuanto más testamentarias sean unas cuartillas mejores son"

"No me importa la leyenda negra o verde que se pueda hacer de mi vida en el porvenir, pero no quiero coadyuvar a ella con mi silencio. Aquí quedan los datos auténticos de mi apartada existencia, sin escatimar verdades." 


«Sin necesidad de mataros o de moriros, id con vuestra muerte. Es la compañía prescrita.»


(RAMON GOMEZ DE LA SERNA)


Yo también, desde hace años, escribo así, como si no hubiese mañana en que seguir escribiendo. Aportando datos que confrontar con las versiones que de mí dé cada cual. Y, a la vez, en contrapesada paradoja, riéndome de la posteridad, que no será otra que el desdén simio de Zaius ante el gemido anacrónico de la desenterrada muñeca parlante.





foto: Celia de Coca

domingo, 1 de abril de 2018

LA MALDICION DEL PAGURO



-¿La casa?: era como un dedo echado a perder por culpa de un uñero...

-Oh, sí, aquel dedo: era como una casa arruinada por...




LAPSO:
Tengo que ir al chino de la esquina a comprar una casa. Lo malo es que duran tan poco... Oh, vaya, no era una casa, era un cinturón...

jueves, 1 de febrero de 2018

NIHILISMOS DE PERO GRULLO




La consumación del deseo 
como terapia de aversión.



La peor pesadilla de un soñador: que sus anhelos se cumplan.



Pero contrahechos, como imágenes alumbradas en los espejos del callejón del Gato.






lunes, 15 de enero de 2018

RELEYENDO A E.J.




«....Frases como "igualdad de derechos" son adaptaciones, pero se las usa tan sólo con la segunda intención de emplear la fuerza bruta. El mundo ha entrado en una fase en la que uno extrae provecho de la mala conciencia del otro. Ordeñadores de conciencias, una nueva profesión. De ella viven pueblos enteros, partidos, individuos, incluso filósofos...» 

(impresiones de su viaje por Angola en el 66 -PASADOS LOS SETENTA I-)




lunes, 1 de enero de 2018

LA CHICA DEL SOTANO



Una mañana, camino del apartado, en una de esas ventanas de sótano que caen a la altura de las rodillas atisbé una chica que dibujaba algo sobre un gran tablero inclinado. Fue todo un flash, porque mi complejo de que me crean un acosador o un mirón me obliga siempre a adelantar a quien tengo mucho rato ante mí en el trayecto o a no detenerme a contemplar a alguien que me resulta interesante, como era el caso. Pero fue un flash muy denso por lo mucho que absorbieron mis pupilas: la estancia era acogedora, con algo de modernidad demodé (como de piso bien de película de los primeros 60 o de viñeta de Roberto Segura), acorde con los impulsos diseñadores de la dibujante. La edad de ella, indefinida pero luminosa, entre los veintimuchos y el umbral (un umbral muy bien llevado) de la cuarentena. Su rostro, pizpireto y melancólico a la vez, me hizo pensar a un tiempo en la Dorleac y en Elena Mª Tejeiro. Su pelo, con flequillo, tenía algo de yeyé, semicubierto por un algo estampado entre cinta y pañuelo. Dada la posición del tablero, no logré ver qué dibujaba (¿un patrón de moda? ¿una historieta? ¿un croquis de arquitectura?) pero su cigarrillo en la comisura remachaba su concentración. Me sentí huérfano de no ser su mascota (yo, que ya lo fui de alguien y acabé renegando de tal condición, ahora sí deseaba serlo de esta chica -porque intuía que ahora todo sería muy distinto, más hondo y apasionadamente neuronal-). 

Desde aquello, cuando vuelvo a hacer la ruta, al llegar a esa zona, miro de reojo a esas ventanas de sótano pero no se ha vuelto a repetir la escena y, además, por lo general, están vetadas al ojo del transeúnte por visillos o persianas. Hay momentos en que dudo si ese flash realmente lo contemplé o fue un sueño de esos tan reales que se me confunden en el recuerdo con momentos de la vigilia.

De pronto, en esta mañana de diciembre (de este diciembre lleno de altibajos anímicos -acordes con el clima-), leyendo las cartas de G.F. a L.C. y mirando el atestado cuarto en que hago casi toda mi vida no soñada, me ha dado un latigazo ciático de soledad en el corazón y me ha parecido tremendamente injusto no ser la mascota (humana, perruna, gatuna, incluso un loro kea nervioso y obsesivo) de la chica que dibujaba en el sótano.  




lunes, 18 de diciembre de 2017

LA BURLA DE LOS DIOSES



[recupero, con algunos ligeros retoques y añadido de citas, un texto inaugural de mi primer blog, EL PUNTO Z, blog hoy desaparecido y surgido en 2007 para albergar perlas provocadas por la arenilla de los conflictos sentimentales] 


"No me fuerces a nada, y lo haré todo." (G.F. a L.C.)

Mis impulsos sentimentales nunca se sintieron tan en sintonía como en la segunda mitad de los 70, al coincidir en buena parte con lo que veía, leía, escuchaba y se consideraba a la sazón recomendable desde los focos de vanguardia. Una visión del amor en su sentido más concreto, íntimo y cotidiano, aunando caricias y convivencias, humores físicos y psicológicos, con el rechazo a los límites de número y/o   género, a los apriorismos y estereotipos, al regodeo en la noción de diferencia, cuando amar se concebía como un juego abierto, como una aventura, como una exploración, más esquizoide que paranoide (si nos ponemos deleuzianos), como un safari cuya pieza más codiciada era el autoconocimiento a partir de los otros. Un autoconocimiento donde el Yo podía desarrollarse plenamente derritiendo sus gelideces al calor de la palabra “común” y no encastillando sus aristas en torno a la palabra “cocoon”.
La emoción especial que hallé en aquel tiempo al leer sobre los Alegres Pillastres de Ken Kesey o sobre los momentos más dionisíacos de la Factory warholiana, al escuchar los himnos pansexuales de Patti Smith o las misas ungidas de humores íntimos que oficiaba Jim Morrison, al contemplar las imágenes liberadoramente ambiguas que me deparaban films como TEOREMA, CONFIDENCIAS, PERFORMANCE, ARREBATO... o al tratar en aquel umbral de décadas a la antipareja Eduardo Haro Ibars-Blanca Uría, una emoción que después ya sólo encontraría, muy de tarde en tarde y en contados destellos (abocados ahora a la más completa catástrofe –los valores habían cambiado: lo que en los 70 se consideraba desde el ensueño utopista ahora se veía como nihilista cul de sac, como irresoluble tragedia para uso agónico de desplazados-), en rarezas como INSEPARABLES, JUEGO DE LAGRIMAS, CRASH o VELVET GOLDMINE...
Toda aquella aspiración pansexual, comunal, abierta, se iba obliterando a mi alrededor y el amor, como cualquier otro rasgo de los nuevos tiempos, se transformaba, privatizaba, cocoonizaba, cerrándose en categorías cada vez más definidas: ya no había vasos comunicantes sino compartimentos estancos, ya no había gente a la que amar sin discriminación sino casilleros en los que encajar (casilleros hetero, casilleros gays, casilleros lésbicos, todos afirmándose en los estereotipos más previsibles –esos mismos estereotipos que en los 70 se habrían rechazado como actitudes retrógradas y alienantes-). Y quien, como yo, no entraba en ningún casillero iba dando topetazos cual bola de pinball contra frustrantes y fugaces abortos de relación plenos de malentendidos, refugiándose de manera casi irreversible en una agridulce soledad fantasiosa (que, aparte los humores previsibles, se derramaba en canciones, cuentos, poemas, evocaciones de sesgo sentimental...).
De pronto, ya transpasado el umbral de siglos/milenios, los dioses, siempre traviesos, me depararon casi al tiempo dos presencias profundamente diversas pero igualmente atractivas por entonces a los ojos de mi corazón, ¿mimbres acaso para que yo realizara finalmente mi anhelo de antipareja, mi visión nunca satisfecha del amor consumado más allá del número 2, mi particular interpretación de la jardielesca frase “TU Y YO SOMOS TRES”? Yo, claro, desde mi puñetera ingenuidad de Robinsón sentimental, entré al trapo en el envite. Y, como era de esperar, me estrellé: nadie, salvo yo, estaba por la labor (se me ofrecía amor, sí, pero desde muy distintas perspectivas: amores, en realidad, y, ya digo, completamente antípodas, antagónicos, incompatibles, en el fondo como en la forma -uno surgido de un común impulso especular, narcisista, incluso me atrevería a llamar homófilo pese a la diferencia formal de género, basado en la búsqueda gozosa de afinidades, y el otro, por el contrario, sustentado en la fascinación por la otredad, por el descubrimiento de parajes emocionales desconocidos o enterrados, en mi caso, desde hacía mucho-). La coyuntura sublime que yo había creído encontrar se volvió desgarro, transtorno bipolar, felicidad mutilada en cada caso (bovarizando, tantalizando a la otra parte en tanto que ausencia), bolero cruel (“¿cómo se pueden amar dos mujeres a la vez y no estar loco?” ).
A fin de cuentas, los dioses sólo estaban burlándose de mis impulsos anacrónicos, tan vintage (no puede existir el amor como concepción abierta, como tentación monista, en tiempos de antiutopía: sólo disociación, bloqueos, fobias, mimadas como signos preciosos de identidad –y si te rebelas contra ello te llaman inmaduro, amorfo, asexual y te obligan a crecer, esto es, a tapiarte la fontanela del corazón-).
Sólo buscaba algo (al parecer, aberrante en nuestros días) como la consumación de este horizonte: que quienes más quería también se quisieran entre sí. Y pensar que hubo un tiempo en que tal aspiración se habría considerado hasta hermosa...     

"Siempre me quieren un poco como algo raro." (G.F. a L.C.) 



viernes, 1 de diciembre de 2017

ROMPIENDO OTRO FALSO DILEMA



En el teatriyo los histriones, performando su guerra civil sobreactuada, se golpean con martillos de caramelo rancio. En un martillo aparece la palabra CONSTITUCION. Los otros, en el suyo, han escrito VIVA LA CONSTITUYENTE.

Pero nadie usa la palabra clave, el concepto que trascendería de veras el teatriyo: INSTAURACION. Ese término usado en su momento por el franquismo para temas de sucesión y que el propio Franco, con sus cautelas rajoyanas tras la salida del poder de su presunto homólogo De Gaulle (las mismas cautelas que mostró dejando huérfanas a las provincias africanas y cortando las alas a las ambiciones nucleares de Carrero), se encargaría de sabotear.    

INSTAURACION: ese concepto palmariamente complejo y oportunamente categórico, sincretizador de épocas, que, de manera diversa (según la circunstancia propia), intentan sacar adelante (con mayor o menor fortuna: las tareas complejas y categóricas requieren su tiempo) nombres como Orban, Erdogan o Trump, siguiendo el modelo (cada día más y mejor atado) del Putin Amo. En otras zonas (Italia, la mitteleuropa de Visegrado contagiada de "orbanidad", Francia, el ámbito germanoparlante...) la dinámica INSTAURADORA va calando también (entre avances y traspiés, desde la incertidumbre de un panorama movedizo) cara a un ¿inminente? (desde luego, ineludible) reseteo del ya carcomido "Nuevo Orden Mundial".  



domingo, 1 de octubre de 2017

DESAHOGO DE DESAHOGOS


al amigo Oscar, que ya me previno



Una relación donde no hay carne comulgante ni diálogos socráticos ni afinidades literarias y/o audiovisuales ni complicidades políticas ni cosmovisiones que se ayunten ¿es una relación?

Una cosa son los Misterios Sagrados y otra muy otra las tomaduras de pelo. A veces, bloqueando uno se desbloquea del canto de las sirenas y las ve, explotada la burbuja del ¿hechizo?, en toda su vacía realidad de cul de sac. 

Oteo la sesentena e intento hacerme a la idea de un célibe tramo final tras una guadianescamente rala y por lo general errada expectativa de Dulcineas. Sólo pido entonces que no jueguen conmigo ni me mareen. Yo nunca importuno: es justo por tanto que no tomen mi vida al asalto por capricho de coleccionista de rarities (que vayan a la pajarería más próxima y se compren un lemur).



lunes, 18 de septiembre de 2017

LA MISA HECHA RISA (quien dice risa, dice llanto)




Chapero y shaman: helo ahí al oficiante sobre el escenario (en cualquier caso, el público existe para ser odiado, combatido, violentado). 

En pura, estricta y rigurosa defensa propia así actúa un oficiante que se precie sobre el escenario. Quienes hablan del "respetable" se limitan a conjurar momentos de abyección (sea que lo digan desde el convencimiento o desde la resignación) salvo que estén tomando impulso desde la mentira para consumar un mejor descabello del "respetable".